Enseñanzas, Historia y Profecías del Pueblo Hopi
Tal como las contó Dan Katchongva, del Clan del Sol (ca. 1865-1972)
Traducidas del Hopi por Danaqyumptewa
Editada por Thomas Francis - Original publicado en 1972
Por el Comité para Tierra y Vida Tradicional Indígena
Los Angeles, California.
Traducción: Adriano Yannelli
INTRODUCCIÓN
Dan Katchongva, ya fallecido líder del Clan del Sol de Hotevilla, pasó más de un siglo por su vida, en el transcurso de la cual tuvo el privilegio de atestiguar la batalla entre el mundo antiguo y el moderno, y durante la cual vio cumplir muchas de las viejas profecías. Experimentó todo el espectro, desde la vida pacífica de la villa, hasta la más energética intromisión que los Hopi hayan conocido desde el fin del mundo previo.
En una charla grabada el 29 de enero de 1.970, Dan contó la historia de la Gente de la Paz, desde los albores de los tiempos hasta los ataques que condujeron a la fundación de Hotevilla en 1.906 dentro de esta generación, y las consecuencias para Norteamérica y el mundo.
La idea de publicar esta charla nació del reconocimiento que aquellos que causaron esta tragedia, y los millones que la apoyaron, ya que podrían continuar si no se echara un vistazo a los propósitos que mantenían los Hopi para rechazar el control foráneo.
Dan estuvo de acuerdo a la publicación de este boletín con la condición que nunca fuera vendido, insistiendo que vender las enseñanzas Hopi, sería como vender a la propia madre. Seleccionó las partes que iban a ser publicadas, y la exactitud de las traducciones fue cuidadosamente establecida a través de su intérprete, Danaqyumptewa, enfatizando las palabras originales.
Además de las profecías cumplidas durante este tiempo, el padre de Dan le dijo que él viviría para ver el principio del evento final de esta era, el Gran Día de la Purificación. Dan Katchongva murió en 1.972,
Thomas Francis
"Todo lo que tengo es mi palo para plantar y mi maíz. Si deseas vivir como yo vivo… puedes vivir aquí conmigo.”
EL PRINCIPIO DE LA VIDA
En algún lugar del mundo subterráneo fuimos creados por el Gran Espíritu, el Creador. Fuimos creados, primero uno, luego dos, luego tres. Fuimos creados iguales, de la unicidad, viviendo una vida en forma espiritual, donde la vida duraba para siempre. Éramos felices y en paz con los otros compañeros hombres. Todas las cosas eran abundantes, provistas por la Madre Tierra sobre la que estábamos ubicados. No necesitábamos plantar o trabajar para conseguir comida. Las enfermedades y los problemas eran desconocidos. Por muchos años vivimos felizmente y crecimos mucho en número.
Cuando el Gran Espíritu nos creó, también nos dio instrucciones y leyes para vivir. Prometimos vivir bajo esas leyes de manera de permanecer en paz, usándolas como guía para vivir en felicidad sobre esa tierra donde nos creó y colocó. Pero desde el principio nos advirtió que no nos tentáramos con ciertas cosas que podrían hacernos perder este modo perfecto de vivir.
Por supuesto que íbamos a sacar ventaja de muchas de las cosas buenas en esa otra vida, así que de a poco contradijimos las instrucciones del Creador sobre lo que no habíamos hacer. Por ello nos castigó haciéndonos como somos ahora, con cuerpo y con alma. Dijo entonces, “Desde ahora deberán bastarse por ustedes mismos. Se enfermarán, y el largo de sus vidas será limitado.”
Hizo nuestros cuerpos de dos principios, el bien y el mal. El lado izquierdo es el bueno, ya que contiene el corazón. El derecho es el malo, porque no lo tiene. El izquierdo es torpe pero sabio, el derecho es inteligente y fuerte, pero le falta sabiduría. Siempre habrá una pelea constante entre los dos lados, y a través de nuestras acciones deberemos decidir quién será más fuerte, si el bien o el mal.
Vivimos bajo las buenas costumbres por muchos años, pero eventualmente el mal probó ser el más fuerte. Algunos olvidaron o ignoraron las leyes del Gran Espíritu, y una vez más comenzaron a hacer cosas que iban en contra de sus instrucciones. Se transformaron en materialistas, inventaron muchas cosas para su propio beneficio, y dejaron de compartir las cosas como lo habían hecho en el pasado. Esto resultó en una gran división, ya que algunos todavía querían seguir las instrucciones y vivir simplemente.
Los más inventivos, los inteligentes, pero con falta de sabiduría, hicieron muchas cosas destructivas a través de las que su vida se interrumpió, cosas que amenazaron destruir a toda la gente. Muchas de las cosas que hoy vemos se sabía que ya habían existido en aquella época. Finalmente, la inmoralidad prosperó. La vida social y sexual de la gente se corrompió lincenciosamente. Rápidamente se extendió a la esposa del Kikmongwi (el Jefe) y su hija, que raramente volvían a sus casas a cuidar de sus tareas domésticas. No solamente el Kikmongwi, sino que los altos jefes religiosos también tuvieron esos problemas. Pronto los líderes y otros con buen corazón estuvieron muy preocupados porque la vida de la gente se volvía incontrolable.
El Kikmongwi juntó a los sacerdotes. Fumaron y rezaron para ser guiados hacia cómo resolver esta corrupción. Se juntaron varias veces, hasta que finalmente alguien sugirió que debían mudarse, encontrar un nuevo lugar dónde establecerse y comenzar una nueva vida.
LA SALIDA A ESTE MUNDO
Pues bien, habían escuchado a menudo ciertos sonidos de golpeteo que provenían desde arriba, y por ello sabían que alguien podía vivir allí. Se decidió que esto debía investigarse. Describiré esto someramente, porque la historia completa tomaría mucho espacio.
Habiendo sido bendecidos con la sabiduría, ellos crearon unos pájaros para este propósito. Nombraré tres. Dos de ellos, que eran conocidos por su fortaleza y rapidez eran el “Kisa” (halcón) y el “Pavowkaya” (golondrina). El tercero era un “Moochnee” (pariente del zorzal que imita el sonido de los otros pájaros, Mockingbird en inglés). Su vuelo es torpe, pero es conocido por ser sabio. Cada uno fue creado en un momento diferente a través de cantos mágicos, fumadas de tabaco y oraciones, con tierra y saliva, lo que posteriormente fue cubierto con una tapa blanca (óvulo). Cada uno fue recibido con respeto y les fueron dadas instrucciones para esta misión, si es que lo lograban. Los dos primeros no pudieron llegar a la parte alta del cielo, pero el tercero, el “Moochnee”, consiguió venir por una abertura a este mundo.
El nuevo mundo era hermoso. La tierra era verde y estaba florecida. El pájaro cumplió con todas sus instrucciones. Su sentido de sabiduría lo guió hasta el ser para el que había sido instruido buscar. Cuando lo encontró, era justo al mediodía, ya que el ser, Massau’u, el Gran Espíritu, estaba preparándose su almuerzo. Mazorcas de maíz yacían cerca del fuego. El pájaro voló y se posó encima de su “kisi” (sombreador, estructura con un techo soportado por postes) y resonó su aviso de arribo.
Massau’u no se sorprendió por el visitante, ya que por su sabiduría y sensación olfativa ya sabía que alguien venía. Con respeto le dio la bienvenida y lo invitó a sentarse. La entrevista fue breve y directa al punto en cuestión. “¿Porqué estás aquí? ¿Será importante?” “¡Sí!”, dijo el Moochnee, “fui enviado aquí por la gente del mundo subterráneo. Desean venir a tu tierra y vivir contigo, ya que su mundo se ha corrompido. Con tu permiso ellos desean mudarse aquí contigo y comenzar una nueva vida. Esto es por lo que he venido.” Massau’u respondió en forma áspera, pero respetuosa: “Ellos pueden venir.”
Con este mensaje el pájaro volvió al mundo subterráneo. Mientras se había ausentado, Kikmongwi y los líderes habían seguido rezando y esperando su retorno exitoso. Con las buenas noticias del nuevo mundo y el permiso de Massau’u para venir, ellos se desbordaron de alegría.
Ahora la pregunta era de cómo ellos iban a llegar al techo de su mundo, por lo que fumaron y rezaron para ser guiados. Finalmente estuvieron de acuerdo en plantar un árbol que creciera hasta lo alto y les sirviera de salida. Plantaron una semilla de “shalavee” (abeto), luego rezaron y cantaron canciones mágicas. El árbol creció y creció, hasta que alcanzó el cielo, pero sus ramas eran tan blandas que se doblaban con la pesada presión de la tierra del techo, por lo que no perforó el cielo. Plantaron otra semilla, esta vez un “lougu” (pino). Creció mientras cantaban sus canciones mágicas. Este árbol era vigoroso y fuerte. “Seguro que éste pasará”, pensaron. Pero fracasó, ya que sus ramas también se doblaban en contacto con el objeto sólido. De nuevo, plantaron otra semilla, esta vez un “pakave” (caña). Dado que terminaba en punta, perforó el cielo hasta el nuevo mundo.
Mientras, todo esto había sido mantenido en secreto. Sólo los correctos, rectos, y de un solo corazón eran informados de los planes de abandonar el mundo corrompido. Estaban preparados para salir, así es que, tan pronto supieron que se podía, comenzaron a subir por interior de la planta, descansando en cada unión de la caña, en un esfuerzo por alcanzar la abertura.
Cuando llegaron a este mundo, todo era hermoso y pacífico. La tierra estaba virgen, tranquila. ¡Estaban felices! Cantaron y bailaron con alegría. Pero esta alegría duraría poco, porque esa misma noche la hija del jefe murió súbitamente. Todos se pusieron muy tristes y preocupados. Todos se miraban sospechosamente. Un maleficio había sido conjurado... Esto causó mucha inquietud ya que un brujo, una bruja, o una persona de dos corazones debía estar entre ellos.
Entonces el Kikmongwi que tenían un gran poder, lo debía usar para apaciguar las preocupaciones de su gente. Hizo una pequeña bola de harina de maíz y la arrojó sobre el grupo de gente. Donde cayera la bola estaría el culpable. Cayó en la cabeza de una niña. Todos tomaron la rápida decisión de arrojarla de nuevo por la abertura al mundo subterráneo. Debían deshacerse de esta maldad, ya que querían vivir en paz en esta nueva tierra. Pero la niña bruja suplicó llorando que se apiadaran de ella, diciéndoles que en su largo viaje enfrentarían muchos obstáculos y peligros de todas clases, y sus oficios podrían serles de utilidad, ya que ella tenía poder como para combatir el mal. Invitó al Kikmongwi a mirar de nuevo al mundo subterráneo. Él miró y vio allá abajo a su hija jugando feliz con otros niños, era el lugar donde todos regresaríamos después de muertos. La niña bruja era enjuta, pero la dejaron allí sola, tal vez pensando que perecería por alguna causa desconocida.
Parte 2
Parte 3
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario